miércoles, 21 de octubre de 2009

La décimo séptima es la vencida

Cada vez que intentamos dejar el cigarrillo, estamos más cerca de hacerlo. Esa frase es la que me incentiva para tratar de nuevo (y a hacerlo público). Eso y que ahora tengo otras motivaciones como para creer que es la definitiva. Cómo si el cáncer o los paros cardíacos no fueran suficiente. La mente sigue razonamientos que nunca vamos a comprender en su totalidad.

Me mudé con mi novia. Ella no fuma. Borren esa mueca, semejante a una sonrisa socarrona en la comisura de la boca. Ese "ah, era por eso, ahora entiendo", no tiene su correlato con la realidad.

No fumo cuando estoy con ella, me resulta incómodo. Tener el olor impregnado en la ropa, el pelo, la piel y todo mi hábitat natural no era problema hasta ahora. Antes ventilaba, tiraba Lisoform, me bañana y me lavaba los dientes unas 10 veces. Pero ahora no puedo. Nadie me lo impide (mucho menos ella) pero prefiero la tranquilidad mental de la comodidad.

Hace una semana que no toco ninguno de mis preciados Parissiennes. Pensarán que es fácil ya que vivo con mi novia y ella es el motor principal para que lo intente nuevamente. Pero no. En la oficina, cuando voy a la cancha, cuando estoy en la facultad, cuando estoy en un bar... en todos esos lugares y situaciones el universo conspira para tentarme.Hasta creo que tengo un brote alérgico producto del estrés que me genera.

viernes, 15 de mayo de 2009

lunes, 11 de mayo de 2009

Memoria humeante

En un artículo publicado en la revista Archives of Internal Medicine del 9 de Junio, miembros del Institute Nacional de la Santé et de la Recherche Médicale (ISERN), Francia, y del Departamento de Epidemiología del University College, en Londres, se proponen examinar la asociación entre una historia de fumador y la capacidad cognitiva en la edad media de la vida.


Los datos para este análisis han sido extraídos del famoso estudio Whitehall II , realizado en el Reino Unido , con 10.308 participantes con edades entre 35 y 55 años en la línea de partida o fase 1 (1985-1988).


Una historia de fumador/a fue comprobada en la fase 1 (al comienzo de estudio) y en la fase 5 (entre los años 1997-1999).


Se dispuso de datos acerca de la capacidad cognitiva (memoria, razonamiento, vocabulario, y fluencia semántica y fonética) en 5.388 participantes en la fase 5 (entre 1997-1999): 4.659 de estos participantes fueron revisados de nuevo 5 años más tarde.
Los resultados fueron los siguientes :


● En los fumadores en la fase 1, en la que comenzó el estudio (1985-1988), se demostró un mayor riesgo de muerte entre hombres y mujeres, así como un mayor riesgo de que no participaran en los tests cognitivos.


● En la fase 5 del estudio (entre 1997-1999) los fumadores, cuando ser comparaban con los que nunca había fumado, los resultados de los tests sobre su capacidad cognitiva eran peores.


● Después de los ajustes estadísticos apropiados para múltiples variables, permanecía un mayor riesgo para la pérdida de memoria.


● En los que eran ex -fumadores en la fase 1 (línea de partida del estudio) el riesgo de tener un vocabulario pobre y una escasa fluencia verbal era menor, en un 30%, del de los fumadores.


● Dejar de fumar durante el periodo de seguimiento se asocia con una mejoría.

La conclusión es la siguiente:


Fumar se asocia con un mayor riesgo de pérdida de memoria.

Fuente: http://www.saludlandia.com

Propuesta - Día F

En 1989, la Organización Mundial de la Salud (OMS) designó al 31 de mayo el Día Mundial contra el Tabaco. El objetivo es alentar a los fumadores a dejar de fumar e incrementar el conocimiento del público sobre el impacto que tiene el tabaco en la salud.


Cada año, se llevan a cabo distintas campañas para generar conciencia. No estan buscando la revolución en las estructuras de producción y sometimiento social, sino que un montón de inconcientes traten de no fumarse la vida. Algo igual de complicado.


Quiero aprovechar esa fecha para que, como en el desembarco en Normandía, sea el comienzo del fín. Propongo que dedemos de fumar en masa. Sumémonos a una especie de colectivo social con pulmones sanos (o en vías de estarlo).


Pero para hacerlo más comprometido, hay una cláusula que debemos respetar. Si alguien se suma y vuelve a reincidir, quedamos todos libres de la iniciativa. Es decir que va a ser responsable de que todos volvamos a fumar. ¿Quién se anima?

viernes, 8 de mayo de 2009

Resultados contraproducentes

Cuando ví la radiografía de mi torax, no entendí nada. Algo parecido me pasó con el electrocardiograma. No estudié para comprender esas cosa, pero si hubo dos sintágmas que me alegraron. "No se evidencian daños" y "Dentro de los niveles aceptables". Eran los diagnósticos para pulmónes y corazón, escritos en computadora. Si los hubiesen hecho a mano, hubiese necesitado un traductor (sin ofender, pero los médicos escriben en jeroglíficos).

¿Qué hice después de leer eso? Pensé en prenderme un cigarrillo. La lógica fue la siguiente: sigo sano, uno más no me va a hacer nada. Por suerte lo medité bastante y opté por dejar guardados los parisiennes.

Se aceptan insultos.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sobre el chocolate y las naranjas

Todavía no puedo largar el cigarrillo. En realidad, quiero pero él no me deja. Para quienes están como yo, todavía nos quedan algunos paliativos para combatir el deterioro generado por esta adicción. Dos claves fundamentales:

"El futuro es la naranja. Reduce el riesgo de cáncer de pulmón. Quienes las comen habitualmente tienen 30% menos posibilidad de contraer la enfermedad, según un estudio de la International Journal Of Cancer. Otro estudio halló que la gente que come cuatro porciones de frutos cítricos por día tiene un 40% menos posibilidad que aquellos que comen menos de una por día."

"Comer chocolate: Dos barras por semana extienden un año la vida. El amargo es fuente de hierro, magnesio y potasio"


Extraído de: http://www.acuario27.com/wordpress/2007/10/20-consejos-saludables/

16 razones para dejar de fumar

Un aporte extraído de http://www.debodejardefumar.com/

1- Vivirás más tiempo y te sentirás más sano.
2- Tus familiares, amigos y compañeros de trabajo dejarán de respirar humo por tu culpa. No tendrás ningún problema en aquellos lugares en los que no se permite fumar (cada vez más numerosos) o con aquellas personas a las que les molesta el humo.
3- Ahorrarás dinero. Un fumador puede gastarse más de 1.000 euros al año solo en tabaco.
4- Nadie te recriminará por fumar en su presencia y evitarás situaciones desagradables.
5- No sentirás irritación y malestar en los ojos, la garganta y la nariz.
6- Tu ropa y tu casa dejarán de oler a tabaco.
7- Sin fumar, los alimentos saben mucho mejor.
8- Si dejas de fumar el aspecto de tu cabello mejorará y también lo hará sensiblemente tu piel, ya que el tabaco provoca arrugas y envejecimiento prematuro así como manchas en las uñas. Olvídate de los dientes amarillos de fumador (inevitables por muchas medidas higiénicas que se tomen).
9- Si consigues dejarlo, sabrás que no necesitas el tabaco para enfrentarte a cualquier situación.
10- Evitarás los peligros de cáncer, enfisema y enfermedades cardiovasculares que todo fumador puede tener.
11- Tu cuerpo se regenerará antes de lo que piensas y pronto se igualará al de una persona que no hubiera fumado nunca.
12- Tu corazón te lo agradecerá. Dirás adiós a la sensación de falta de libertad que produce la dependencia del tabaco.
13- Reducirás tus posibilidades de padecer cáncer de boca, laringe, vejiga, esófago o riñón y disminuirán los problemas de úlcera gástrica o duodenal. Verás cómo descienden tus cifras de tensión arterial y colesterol. Aumentará tu fertilidad. Disminuirán los problemas en caso de embarazo. Disfrutarás de más tiempo.
14- Te sentirás más ágil, podrás caminar y subir escaleras sin cansarse, pues al dejar el tabaco aumenta tu capacidad pulmonar, Incrementará tu resistencia frente al ejercicio físico y el deporte, Gozarás de una mejor salud general, aumentará tu calidad de vida y rendirás más física y mentalmente.
15- Aumentarán las posibilidades de que tus hijos nazcan sanos.
16- Te sentirás más satisfecho contigo mismo y tendrás la sensación de haber ganado la libertad que perdiste con la dependencia del tabaco.

martes, 5 de mayo de 2009

Desapareció

También me descompuse al ver el video de la sonrisa atrayente. Parece que todos coincidimos en ello. Sin embargo, hay un detalle que no se muestra en el resultado de la encuesta cerrada. Hubo una persona que había dicho que dejó de fumar tras leer el blog. Ahora no aparece nadie queriendo cuidar sus pulmones y demás órganos vitales.

Dejé de fumar (0%)
Intenté dejarlo (0%)
Empecé a fumar por tu culpa (40%)
Todavía estoy vomitando después de ver el video (60%)

martes, 28 de abril de 2009

Rebelión en la granja

Me va a estornudar un chancho y me voy a morir de gripe. Me va a picar un mosquito y el dengue me va a consumir. Hace unos años, un pollo que se negó a ir al spiedo también me iba acontagiar su resfrío mortal. Tampoco me olvido de las vacas con el cerebro carcomido, por ser alimentadas con sus pares, a las que ningún psiquiatra salvó.

Creo que Orwell nunca lo pensó así. Pero yo tampoco lo tuve en cuenta a la hora de dejar el cigarrillo. Tanto esfuerzo para abandonar algo adictivo y destructivo a largo plazo, para que cualquier materia prima de parrilla me termine matando de gripe.

miércoles, 22 de abril de 2009

Volveré y seré tumores

Dejé de escribir porque volví a fumar. No tengo muy en claro por que lo hice. Buscaba algo que estaba en mi memoria. Una especie de recuerdo de una sensación de bienestar, el placer generado por las sustancias o la misma tranquilidad química.

Cuando probé el primer cigarrillo, después de casi dos meses libres de humo, me decepcioné. Me di cuenta de que ya no me gustaba fumar. Es solo un hábito que se me fue de las manos. Pero no se por qué mi cuerpo lo necesita. Soy plenamente conciente de que me hace mal, empero sigo caminando a la terraza para prender uno cada tanto.

jueves, 19 de marzo de 2009

Primera caída

Mudarse es una situación estresante, sobre todo si se te vence el contrato de donde estás y no conseguís nada por ahora. Si a eso le sumamos que en 10 días perdí documentación, se me rompieron una serie de cosas muy preciadas para mí y parece que un mamut volador con sistitis me está persiguiendo, todo se complica. 

No soporté la presión y, a un mes y medio de haber dejado de fumar, corrí al kiosco a comprar un atado de Parisiennes 10. Sí, mandé todo a la mierda. Pero necesitaba algún calmante que no me dejara medio bobo. La única salída que vi como para sobrellevar la situación era prenderme uno. 

Se me cuestionará la desición.  Pero a veces el recuerdo de lo que fue se hace vívido y te clava un puñal directo en la memoria. Así que, siguiendo esa línea de pensamiento, permití que, una vez más, ese humo gris invadiera mi cuerpo. 

Hace días que venía barajando la idea de una licencia: sólo hasta que me mude. Hoy me dí cuenta que me traicionó mi memoria emotiva, cuando me decía que era el placebo que necesitaba. Es horrible.

 

lunes, 16 de marzo de 2009

Licencias

Lo bueno del cigarrillo es que, cuando todo está mucho peor que mal, te podes sentar y fumarte un Parisienne esperando que todo se esfume con el humo. 

Hay veces que uno siente que se paró justo abajo de un container lleno de elefantes con sistitis, que el pelo se nos tiñó de colorado, nacimos un martes 13 y nuestro apopdo es piedra. . Esas cosas pasan, y todas juntas. 

Es ahí cuando te planteás una licencia: me fumo uno, solo por hoy. Pero ahí mismo surge la dicotomía; el momento en que estamos en la encrucijada (crossroad) esperando al diablo para que nos enseñe a tocar la guitarra.  Porque si bien podemos usar eso como excusa, también podemos adjudicar el cáncer a esta situacion, mala racha o como quieran llamarla. 

¿Qué hago?




miércoles, 4 de marzo de 2009

Sobre el alcohol y las ganas de fumar

Hubo chistes, pero el mar de fondo rompió contra una escollera de alcohol. Según las voces volcadas en la última encuesta, el 40% mostraron una gran capacidad para perderse en el fondo de una botella sin tocar siquiera un cigarrillo. El resto de las opiniones estuvieron dispersas, pero la suma de esas opciones arrojó un 60% de aceptación a la idea de que la copa y el cigarrillo van de la mano… en la misma, preferentemente.

Debo reconocer que mañana se cumple un mes desde que me separé de mis Parisiennes. Quienes me conocen un poco, entendieron rápido que no iba a dejar todos los vicios de una; para quienes no, les comento que soy de buen beber. ¡He aquí la novedad! Pude dar por tierra la autoridad de la encuesta.

Tal vez sea con ésta en particular, pero por más que el reinado del sondeo de opinión a mansalva no haya sido derrocado, estoy en condiciones de asegurar que ha sufrido un golpe importante. Seguiré brindando al son de la canción de los buenos borrachos, pero libre de humo. 


¿Influye el alcohol en las ganas de fumar?

Completamente
  (20%)
 
Un poco
  (20%)
 
Soy alcohólico y nunca fumé
  (40%)
 
¿Qué? ¿Mi plata no vale?
  (20%)
 

viernes, 27 de febrero de 2009

22

Cuaresma es un tiempo que, para los católicos, implica reflexión ayuno y un montón de otras cosas que nadie le da bola. Pero el número tiene una trascendencia simbólica. Según me informaron, el cuerpo tarda 20 días en dejar de necesitar el cigarrillo. 

Sin embargo, completamos el tiempo de misas moradas con otros 20 más en los que se empiezan a eliminar toxinas y se adapta el organismo a la falta de tabaco y sus químicos. En teoría, ya tendría que sentir el síndrome de abstinencia. Aunque la aniedad sigue haciendo mella en mis mandíbulas. 

Llevo 528 horas sin fumar. Si llego a los 40 (frase antes empleada para hacer referencia a una edad y ahora a días) les cuento si podemos dar por válida la conjetura.


lunes, 23 de febrero de 2009

No entendí

En la última encuesta pasó algo que escapó a mi comprensión. El 50% de los que votaron, se pronunciaron a favor de mi capacidad para suplantar a un embutido. Mi dudas son: ¿Dónde están todos los que me dijeron que los habanos no cuentan? ¿Dónde están los habaneros que desprecian a los fumadores de cigarrillo (ellos sacan la parte que puse en cursiva) ?

¿Es igual un habano a un cigarrillo?

Son incomparables 37%
El humo queda en la boca 12%
Es tabaco 0%
No entendiste nada, salame 50%
 

sábado, 21 de febrero de 2009

Cambio, juez

Cada tanto tengo recaídas. Pienso que uno más no me va a hacer nada. Total, no es que estoy retomando el vicio, sino que me concedo una licencia. Por suerte, puedo mantener la decisión original. Aunque con algunos reemplazos.

Fue difícil abandonar el sabor del tabaco negro. También fue arduo dar por tierra al hábito y ciertos condicionamientos. Como si fuera el perro de Pavlov, sentarme frente a la computadora implicaba nublar mi vista con humo. Mi mano buscaba, entre el mate y el teclado, el cenicero y el atado de Parisiennes, para después girar la cabeza y ver si el encendedor estaba en la cocina.

Ahora, ante la falta de ese ritual, me dirijo a la cocina para buscar un sustituto en el banco de suplentes. Alacena y heladera se muestran prestos para ingresar a la cancha. De un tiempo a esta parte, fue el segundo quien tomó la titularidad del equipo Despuntando el vicio, de Caballito.

Descubrí, casi por casualidad en un bar, que el maní con cáscara suplía perfectamente el lugar del cigarrillo. Se me cuestionará que cualquiier alimento puede hacerlo. Sin embargo me veo en la obligación de resaltar las propiedades, casi mágicas, de este noble snack.

Tener que quitarle la cáscara, recrea un estado mental imilar al nirvana. Son las manos, las que sin intervención directa del cerebro, realizan el proceso. Solo percibimos que estabamos haciendo algo con ellas, cuando nos presentan el maní listo para ser ingerido. Es algo automático, como lo es fumar a veces.  Por eso, sale el negro y entra el maní. Abstenerse de los chistes fáciles, por favor.



miércoles, 18 de febrero de 2009

Pido disculpas

Antes les comentaba que cada cigarrillo tiene 104.027 químicos, 60 de ellos cancerígenos. Las campañas apuntan a la prevención con números fríos y casos aislados. Mientras que las tabacaleras atacan la sensibilidad del consumista, brindándole acceso a un grupo exclusivo de pertenencia, donde se manejan códigos compartidos.

Aunque parezca que digo boludeces sobredimensionadas, eso es lo que venden las publicidades de cigarrillo. El que fuma, sabe qué marca le gusta y cuál no. ¿Hay necesidad de seguir de mantener un público cautivo cuando la nicotina hace lo suyo?

En la mentalidad del fumador está la idea de “a mi no me va a pasar”. Y eso está reforzado por imágenes como las que inserto a continuación.



Ese no es mi pulmón. Y aunque lo fuera, no tengo forma de reconocerlo e identificarme con el caso. Es por eso que vuelvo a colgar el spot de una campaña que recuerdo cada vez que quiero prenderme uno. Bon appetite.

La acción terapéutica del cigarrillo

Cada uno pesa 10 gramos aproximadamente. Y en cada una de esas pequeñas dosis de placer suicida hay 104.027 químicos, de los cuales 200 son venenos conocidos y 60 son cancerígenos.

“La nicotina es un poderoso estimulante. Obliga a la persona a querer cada vez mayor cantidad. Después de inhalar la nicotina, el flujo sanguíneo va acumulando la sustancia en cada célula del organismo y a medida que el tiempo pasa, las células se acostumbran y piden más al cuerpo”, explicó un informe publicado en www.anael.org.

También agregó: “Por ello, el fumador se vuelve irritable y nervioso; con el cigarrillo se calma y la nicotina se convierte en un tranquilizante. Es ahí dónde quería llegar. Porque desde hace un tiempo noto que mi sangre fluye con mayor fuerza, mi corazón bombea hacia las extremidades con una presión creciente. Cualquiera se preguntaría, ¿cuál es el problema?

Si mis brazos y piernas tienen más energía; mis neuronas se saturan de oxígeno y no pueden razonar; el resto de mi cuerpo trata de buscar un tranquilizante para equilibrar los niveles de adrenalina, la respuesta es una sola. Me voy a terminar golpeando con alguien.

Es por eso que abro la consulta pública. ¿Debo incursionar por las calles de la tranquilidad química? ¿Es una opción el clonazepan? Se agradece una respuesta.

lunes, 16 de febrero de 2009

Lluvia

El miedo al agua hace que las personas nos refugiemos bajo techo. Encontramos actividades que, si bien son aburridas en su mayoría, evitan que salgamos a la intemperie. Pese a que es verano, hace calor y mataría a un obispo por tener una pileta, respeto esta tradición milenaria de quedarme adentro si llueve.

Es insoportable, me siento encerrado. Puedo ver una película, escuchar música o leer algo (hasta las etiquetas del shampoo). Pero la ansiedad de las cuatro paredes me está carcomiendo el cerebro. Iba a compararla con un glaciar que, sin ningún problema erosiona las montañas. No, las paredes se ciernen sobre mí y crecen en altura, potenciando la sensación de claustro. Y lo hacen rápido.

Quizás el humo pueda hacer que no vea el techo e imagine que no existe. Así, por lo menos, la reclusión no parecería tal.

domingo, 15 de febrero de 2009

De prender, a apagar

Vimos escombros, corridas y a la policía conteniendo a un grupo de la hinchada de Tigre. No hubo detenidos, los vecinos barrieron los pedazos de ladrillos y la demencia quedó puertas afueras del viaducto.

Era el último partido del sábado, por lo que no teníamos que hacer vestuario. Arsenal lo ganó temprano y, aunque le sobraron más de 20 minutos al encuentro, vimos hasta el minuto 50; sí, agregaron 5 más. El espacio en el diario estaba lleno cuando dieron el final, por lo que nos acercamos a la puerta.

En el momento en que un oficial de la bonaerene nos informo que no podíamos salir por allí, dije las palabras mágicas que siempre me permitieron pasar: "Somos periodistas", y acto seguido, exhibía mi acreditación. "Andá por ahí, al portoncito rojo", me dijo como alguien que sabe solo dos respuestas para todas las preguntas.

Fuimos hasta donde me indicó, pero allí alguien de seguridad del club me dijo que saliera por la otra puerta, que por ahí salía la prensa. ¿Cuál es el problema? Había que rodear el predio completo de Arsenal para llegar al auto, que estaba donde no me (ahora es personal) habían dejado salir al principio. Era casi la medianoche.

No se si recuerdan que mencioné que la violencia había quedado puertas afuera del estadio. Bueno, para mí que todavía seguía ahí. Creo que vivía en la zona y, como los vampiros, salía de noche a cazar a dos periodistas desprevenidos que bordeaban un club con cara de susto. Se darán cuenta que no hice nada de eso.

Volví al portón que me separaba del auto por algunos metros. Intenté razonar con el de seguridad. "Prensa sale por la otra puerta, la policía no deja salir a nadie", repetía como un mantra. El de la bonaerense achacaba al club.

Quise fumarme un parisienne y tirarle el humo en la cara esa media hora que estuvimos encerrados en la cancha de Arsenal. En ninguna cancha del país me pasó algo similar. Me hubiese fumado el atado entero solo para molestarlos, llenandole de humo negro las caras. Pelearme con la policía y los de seguridad es perjudicial para la salud, y mi instinto así me lo hizo saber.

"Siempre es lo mismo, che", masculló el de seguridad. Si en todos los partidos es igual, ¿no será hora de que cambien? Es como que un adicto al paco diga "Uh, cada vez que fumo ésto quedo del orto y reviento un almacén. Qué boludos los almacenes".

A esta altura ya no quería fumar. Deseaba apagarle el cigarrillo en la frente al infradotado que dejaba pasar a cualquier conocido, pero a quienes estábamos trabajando no. Lo bueno es que había perdido las ganas de prenderme uno.

viernes, 13 de febrero de 2009

Resultados de la encuesta

Me sorprendieron. Se ve que me tienen fe. 66% de los que votaron, consideraron posible mi alejamiento del cigarrillo. Mientras que en el extremo opuesto, solo dos apostaron a mi cáncer de pulmón.

Trataré de no defraudarlos. Aunque una frase similar desprestigió esa fórmula.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Cada vez más difícil

Cuando empecé a escribir este blog, tenía muchas ideas. Eran las que surgían de mi cruzada contra el cigarrillo. Ahora son menos, me cuesta traducir en palabras lo que me está pasando.

Dejé de contar los días y, salvo un pequeño habano en un cumpleaños, no tuve más ganas de fumar. Cambié mis hábitos y lo que perdí en toxinas, lo gané en peso e intolerancia. Sin embargo,ya no sufro experiencias traumáticas que me hagan desesperar por un Parisienne.

Cada vez es más difícil escribir sobre algo que voy olvidando.

domingo, 8 de febrero de 2009

Domingo a la noche

Nivel de irritabilidad: 60% (normal)
Presión de mandibulas: Mandibuleando (preocupante; como Zack the la Rocha en pleno concierto)
Capacidad pulmonar: acensor (me olvidé que había escaleras)
Nivel de alucinaciones: 50 % (es el sueño)
Atrofia mental: 1023 hectopacales (mucha presión para saber si un habano cuenta como cigarrillo)

Abran cancha

Por lo general, no pienso demasiado acerca de los lugares que frecuento. Sin embargo eran demasiados aquellos donde fumaba en determinada ocasión. El entretiempo de un partido, siempre era coronado por algún cigarrillo.

Estaba ahí tratando de ver qué hacía mientras los equipos salian a la cancha. Estaba expectante, añorando que se abriera el marcador o que descendiera el nivel de juego, para poder dormirme. Pero no, todavía estaban en los vestuarios. ¡Tardaron 20 minutos! 

Ya cerca del final todo empeoró. No el cotejo, sino que empecé a notar que era mucha la cantidad de fumadores rodeándome. No les iba a pedir que lo apaguen o que se trasladasen a un sitio apartado de mí. Así que soporté un poco el hecho de que hubiese gente que no sabe leer la mente o darse cuenta por metonimia que dejé de fumar hace poco, y eso me hace tanto mal como un avión (o dos) a las Torres Gemelas.

El partido siguió y terminó.No iban a suspenderlo por mí. Así que salí de allí, fui a la oficina y, ahí, otro lugar común. Del acensor al subte siempre hay un cigarrillo dividiendo lo laboral de lo real. Además, era demasiado tarde y no había subterraneo, solo quedaba el colectivo; esperar.

No fue un buen domingo. Estoy por ir a dormir y solo se me cruza algo por la mente: ¿Si fumo un habano, cuenta? Nivel de presión mandibular en aumento.

sábado, 7 de febrero de 2009

Un desafío grande

Quien abandona sabe que va a tener que afrontar una prueba difícil, conforme se acerque el fin de semana: la primera salida. Copa en mano, la voluntad muestra sus flaquezas. Uno se pregunta si sábado y domingo cuentan, efectivamente, como parte de la semana y cuestiona su categoría como días. Todo para ver si se puede tomar una pequeña licencia.

Por suerte, desde hace tiempo, los bares son -o deberían ser- libres de humo. Así que eso ayuda un poco a mantener la desición original. Y si uno está entretenido, entre trago y trago, puede postergar salir a la puerta a fumar. Sin embargo, tarde o temprano vamos a tener que cruzar el umbral. Ahí es dónde pude superar la prueba ayer.

Para recapitular: estaba en un bar donde no se puede fumar, tomando algo. Y no iba a salir de ahí hasta que me fuera. Pero cuando atravecé la puerta y me abrí paso entre dos personas que ocupaban la misma categoría que dejé atrás (fumador de vereda de pub del bajo), un instinto arremetió desde lo más profundo de mi reflejo condicionado.

El estímulo, la puerta; el reflejo, buscar el atado de Parisiennes en cuanto sentí la luz del exterior. Son lugares, acciones, costumbres y, me animaría a decir que, hasta ritos. Pero si pude con eso, voy encaminado. El problema es que el nivel de ansiedad a creciendo. Se viene el temporal. 
 

viernes, 6 de febrero de 2009

Mayoría absoluta

Según el Ministerio de Salud, "la mayoría de los fumadores quiere dejar de fumar. Las estadísticas han demostrado que son el 70 % las personas que desean abandonar la adicción a la nicotina.". Hasta hace poco formaba parte de ese 30 %, que no quería. Y eso es entendible, porque empecé por gusto y no por cualquier otra cosa.

A los 18 años, sentí el olor del Parisienne. Me agradó y por eso comencé. No lo había considerado como un vicio o una necesidad. Lo pensaba tal como comer un chocolate. El problema, claro está, es que con una golosina no me voy a morir. Por eso, de a poco, pasé a formar parte de la mayoría que, como lo indica la encuesta gubernamental, quiere dejar.

Sin embargo, el organismo liderado por Graciela Ocaña también aclaró que casi todos los fumadores pasan por varios intentos antes de conseguir abandonar definitivamente el cigarrillo. Eso no me alentó demasiado, aunque debo reconocer que no es la primera vez que trato. Negar la realidad, no va a hacer que deje de fumar.

Por otro lado, sí hubo una frase que me ilusionó. "Cuantas más veces se haya intentado, más cerca se está de lograrlo". Si quieren leer más, pueden entrar a www.msal.gov.ar

Primera mejoría

La nicotina, el alquitrán y el tabaco combinado en pequeñas dosis van limitando la capacidad de conciliar el sueño. Too lo que exite nuestros sistema nervioso, va en contra de dormir bien. Hace tiempo que no podía hacerlo con facilidad y el resultado de la primer noche, fue más que satisfactorio.

Me acosté temprano y Morfeo me llevo con rapidéz. Hacía mucho que no dormía tan bien. Me desperté sin tos ni dolor de piernas. El cigarrillo dificulta también la circulación y, como las piernas están algo lejos del corazón, son las primeras en sufrir.

Solo espero que no haya sido una coincidencia. 


La espera

La parada del colectivo es un lugar común del fumador. Además, exite el mito de que va a venir el que esperamos cuando prendamos uno. Caso contrario, deberemos esperar más de media hora. Con ésto estoy diciendo que, antes, hacía como un servicio a la comunidad, adelantando la llegada de la línea esperada.

Ayer, mientras esperaba el 92 en Flores, después de una reunión de dos horas, mis mandíbulas presionaban como las de un cocainómano. Algo tenía que hacer mientras estaba parado ahí. Algo por todas las personas que aguardabamos. En mi poder estaba la posibilidad ahorrar el tedio de varios. 

Sin embargo, antes de abdicar, decidí caminar las 32 cuadras que me separaban de mi casa, para calmar la ansiedad. Funcionó, pero estoy empezando a notar una tensión en mí que antes no tenía. No estoy irritable, tampoco nervioso. Pero me llama la atención la rectitud de algunos de mis movimientos. De Flores a Parque Centenario, tuve demasiado tiempo para pensar en eso.

Por suerte, soy más asiduo usuario del subte que del colectivo. 


jueves, 5 de febrero de 2009

Niveles

Por consejo de una amiga, voy a incluir indicadores en mi cruzada contra el cigarrillo. Como recién empiezo se parecen al reporte meteorológico de una tarde linda de verano. Espero que no se anuncie una tormenta.

Nivel de irritabilidad: 20% (normal)
Presión de mandibulas: ligeros roces (estable)
Capacidad pulmonar: 3 pisos por escalera (un desastre, pero normal)
Nivel de alucinaciones: 1 % (el encendedor me mira)


Esta vez es en serio

Tengo que dejar de fumar. Voy a empezar de a poquito, a bajar la cantidad hasta que llegue a cero y pueda mantenerlo durante mucho tiempo. Ideas como esa chocaron con la realidad bastante seguido. Un día fumaba cinco y esta contento por mi fuerza de voluntad. 

Al otro día, salía y con la copa en la mano se hace difícil sostener la situación. Bueno, uno más. Total es por el fin de semana. Ahí moría el atado y, con el humo, también se volvía difuso el recuerdo de un inocente que había dicho que iba a bajar la dosis.

Ahora lo corté de una. Así como Ray Charles dejó la heroína de golpe, voy a hacer lo mismo. Si él pudo con ago así, es más lógico que yo alcance mi objetivo. Solo espero no sentir agua en mis pies.

 

Día 1, la desición

Es la quinta vez, por lo menos, que digo lo mismo. Me desperté con aliento de utratumba y la respiración marcada por los excesos. Mientras terminaba el café, agarré automaticamente mi atado de Parisiennes común y vi que solo tenía un encendedor rojo. Las ganas fueron superadas por la fiaca, así que no iba a fumar hasta que encontrara algo más por lo que bajar seis pisos, además de tentar al cáncer.

No pasó mucho hasta que me encontré en el acensor. Pero, antes de cruzar la puerta de calle, di media vuelta y me propuse dejar de fumar para siempre. Pero como ya van varias veces que me quedo en la intención. Esta vez quiero hacer catarsis cibernética y ver si alguien más se suma a la cruzada.