lunes, 16 de febrero de 2009

Lluvia

El miedo al agua hace que las personas nos refugiemos bajo techo. Encontramos actividades que, si bien son aburridas en su mayoría, evitan que salgamos a la intemperie. Pese a que es verano, hace calor y mataría a un obispo por tener una pileta, respeto esta tradición milenaria de quedarme adentro si llueve.

Es insoportable, me siento encerrado. Puedo ver una película, escuchar música o leer algo (hasta las etiquetas del shampoo). Pero la ansiedad de las cuatro paredes me está carcomiendo el cerebro. Iba a compararla con un glaciar que, sin ningún problema erosiona las montañas. No, las paredes se ciernen sobre mí y crecen en altura, potenciando la sensación de claustro. Y lo hacen rápido.

Quizás el humo pueda hacer que no vea el techo e imagine que no existe. Así, por lo menos, la reclusión no parecería tal.

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