Sin embargo, completamos el tiempo de misas moradas con otros 20 más en los que se empiezan a eliminar toxinas y se adapta el organismo a la falta de tabaco y sus químicos. En teoría, ya tendría que sentir el síndrome de abstinencia. Aunque la aniedad sigue haciendo mella en mis mandíbulas.
Llevo 528 horas sin fumar. Si llego a los 40 (frase antes empleada para hacer referencia a una edad y ahora a días) les cuento si podemos dar por válida la conjetura.
