viernes, 6 de febrero de 2009

Mayoría absoluta

Según el Ministerio de Salud, "la mayoría de los fumadores quiere dejar de fumar. Las estadísticas han demostrado que son el 70 % las personas que desean abandonar la adicción a la nicotina.". Hasta hace poco formaba parte de ese 30 %, que no quería. Y eso es entendible, porque empecé por gusto y no por cualquier otra cosa.

A los 18 años, sentí el olor del Parisienne. Me agradó y por eso comencé. No lo había considerado como un vicio o una necesidad. Lo pensaba tal como comer un chocolate. El problema, claro está, es que con una golosina no me voy a morir. Por eso, de a poco, pasé a formar parte de la mayoría que, como lo indica la encuesta gubernamental, quiere dejar.

Sin embargo, el organismo liderado por Graciela Ocaña también aclaró que casi todos los fumadores pasan por varios intentos antes de conseguir abandonar definitivamente el cigarrillo. Eso no me alentó demasiado, aunque debo reconocer que no es la primera vez que trato. Negar la realidad, no va a hacer que deje de fumar.

Por otro lado, sí hubo una frase que me ilusionó. "Cuantas más veces se haya intentado, más cerca se está de lograrlo". Si quieren leer más, pueden entrar a www.msal.gov.ar

Primera mejoría

La nicotina, el alquitrán y el tabaco combinado en pequeñas dosis van limitando la capacidad de conciliar el sueño. Too lo que exite nuestros sistema nervioso, va en contra de dormir bien. Hace tiempo que no podía hacerlo con facilidad y el resultado de la primer noche, fue más que satisfactorio.

Me acosté temprano y Morfeo me llevo con rapidéz. Hacía mucho que no dormía tan bien. Me desperté sin tos ni dolor de piernas. El cigarrillo dificulta también la circulación y, como las piernas están algo lejos del corazón, son las primeras en sufrir.

Solo espero que no haya sido una coincidencia. 


La espera

La parada del colectivo es un lugar común del fumador. Además, exite el mito de que va a venir el que esperamos cuando prendamos uno. Caso contrario, deberemos esperar más de media hora. Con ésto estoy diciendo que, antes, hacía como un servicio a la comunidad, adelantando la llegada de la línea esperada.

Ayer, mientras esperaba el 92 en Flores, después de una reunión de dos horas, mis mandíbulas presionaban como las de un cocainómano. Algo tenía que hacer mientras estaba parado ahí. Algo por todas las personas que aguardabamos. En mi poder estaba la posibilidad ahorrar el tedio de varios. 

Sin embargo, antes de abdicar, decidí caminar las 32 cuadras que me separaban de mi casa, para calmar la ansiedad. Funcionó, pero estoy empezando a notar una tensión en mí que antes no tenía. No estoy irritable, tampoco nervioso. Pero me llama la atención la rectitud de algunos de mis movimientos. De Flores a Parque Centenario, tuve demasiado tiempo para pensar en eso.

Por suerte, soy más asiduo usuario del subte que del colectivo.