viernes, 27 de febrero de 2009

22

Cuaresma es un tiempo que, para los católicos, implica reflexión ayuno y un montón de otras cosas que nadie le da bola. Pero el número tiene una trascendencia simbólica. Según me informaron, el cuerpo tarda 20 días en dejar de necesitar el cigarrillo. 

Sin embargo, completamos el tiempo de misas moradas con otros 20 más en los que se empiezan a eliminar toxinas y se adapta el organismo a la falta de tabaco y sus químicos. En teoría, ya tendría que sentir el síndrome de abstinencia. Aunque la aniedad sigue haciendo mella en mis mandíbulas. 

Llevo 528 horas sin fumar. Si llego a los 40 (frase antes empleada para hacer referencia a una edad y ahora a días) les cuento si podemos dar por válida la conjetura.


lunes, 23 de febrero de 2009

No entendí

En la última encuesta pasó algo que escapó a mi comprensión. El 50% de los que votaron, se pronunciaron a favor de mi capacidad para suplantar a un embutido. Mi dudas son: ¿Dónde están todos los que me dijeron que los habanos no cuentan? ¿Dónde están los habaneros que desprecian a los fumadores de cigarrillo (ellos sacan la parte que puse en cursiva) ?

¿Es igual un habano a un cigarrillo?

Son incomparables 37%
El humo queda en la boca 12%
Es tabaco 0%
No entendiste nada, salame 50%
 

sábado, 21 de febrero de 2009

Cambio, juez

Cada tanto tengo recaídas. Pienso que uno más no me va a hacer nada. Total, no es que estoy retomando el vicio, sino que me concedo una licencia. Por suerte, puedo mantener la decisión original. Aunque con algunos reemplazos.

Fue difícil abandonar el sabor del tabaco negro. También fue arduo dar por tierra al hábito y ciertos condicionamientos. Como si fuera el perro de Pavlov, sentarme frente a la computadora implicaba nublar mi vista con humo. Mi mano buscaba, entre el mate y el teclado, el cenicero y el atado de Parisiennes, para después girar la cabeza y ver si el encendedor estaba en la cocina.

Ahora, ante la falta de ese ritual, me dirijo a la cocina para buscar un sustituto en el banco de suplentes. Alacena y heladera se muestran prestos para ingresar a la cancha. De un tiempo a esta parte, fue el segundo quien tomó la titularidad del equipo Despuntando el vicio, de Caballito.

Descubrí, casi por casualidad en un bar, que el maní con cáscara suplía perfectamente el lugar del cigarrillo. Se me cuestionará que cualquiier alimento puede hacerlo. Sin embargo me veo en la obligación de resaltar las propiedades, casi mágicas, de este noble snack.

Tener que quitarle la cáscara, recrea un estado mental imilar al nirvana. Son las manos, las que sin intervención directa del cerebro, realizan el proceso. Solo percibimos que estabamos haciendo algo con ellas, cuando nos presentan el maní listo para ser ingerido. Es algo automático, como lo es fumar a veces.  Por eso, sale el negro y entra el maní. Abstenerse de los chistes fáciles, por favor.



miércoles, 18 de febrero de 2009

Pido disculpas

Antes les comentaba que cada cigarrillo tiene 104.027 químicos, 60 de ellos cancerígenos. Las campañas apuntan a la prevención con números fríos y casos aislados. Mientras que las tabacaleras atacan la sensibilidad del consumista, brindándole acceso a un grupo exclusivo de pertenencia, donde se manejan códigos compartidos.

Aunque parezca que digo boludeces sobredimensionadas, eso es lo que venden las publicidades de cigarrillo. El que fuma, sabe qué marca le gusta y cuál no. ¿Hay necesidad de seguir de mantener un público cautivo cuando la nicotina hace lo suyo?

En la mentalidad del fumador está la idea de “a mi no me va a pasar”. Y eso está reforzado por imágenes como las que inserto a continuación.



Ese no es mi pulmón. Y aunque lo fuera, no tengo forma de reconocerlo e identificarme con el caso. Es por eso que vuelvo a colgar el spot de una campaña que recuerdo cada vez que quiero prenderme uno. Bon appetite.

La acción terapéutica del cigarrillo

Cada uno pesa 10 gramos aproximadamente. Y en cada una de esas pequeñas dosis de placer suicida hay 104.027 químicos, de los cuales 200 son venenos conocidos y 60 son cancerígenos.

“La nicotina es un poderoso estimulante. Obliga a la persona a querer cada vez mayor cantidad. Después de inhalar la nicotina, el flujo sanguíneo va acumulando la sustancia en cada célula del organismo y a medida que el tiempo pasa, las células se acostumbran y piden más al cuerpo”, explicó un informe publicado en www.anael.org.

También agregó: “Por ello, el fumador se vuelve irritable y nervioso; con el cigarrillo se calma y la nicotina se convierte en un tranquilizante. Es ahí dónde quería llegar. Porque desde hace un tiempo noto que mi sangre fluye con mayor fuerza, mi corazón bombea hacia las extremidades con una presión creciente. Cualquiera se preguntaría, ¿cuál es el problema?

Si mis brazos y piernas tienen más energía; mis neuronas se saturan de oxígeno y no pueden razonar; el resto de mi cuerpo trata de buscar un tranquilizante para equilibrar los niveles de adrenalina, la respuesta es una sola. Me voy a terminar golpeando con alguien.

Es por eso que abro la consulta pública. ¿Debo incursionar por las calles de la tranquilidad química? ¿Es una opción el clonazepan? Se agradece una respuesta.

lunes, 16 de febrero de 2009

Lluvia

El miedo al agua hace que las personas nos refugiemos bajo techo. Encontramos actividades que, si bien son aburridas en su mayoría, evitan que salgamos a la intemperie. Pese a que es verano, hace calor y mataría a un obispo por tener una pileta, respeto esta tradición milenaria de quedarme adentro si llueve.

Es insoportable, me siento encerrado. Puedo ver una película, escuchar música o leer algo (hasta las etiquetas del shampoo). Pero la ansiedad de las cuatro paredes me está carcomiendo el cerebro. Iba a compararla con un glaciar que, sin ningún problema erosiona las montañas. No, las paredes se ciernen sobre mí y crecen en altura, potenciando la sensación de claustro. Y lo hacen rápido.

Quizás el humo pueda hacer que no vea el techo e imagine que no existe. Así, por lo menos, la reclusión no parecería tal.

domingo, 15 de febrero de 2009

De prender, a apagar

Vimos escombros, corridas y a la policía conteniendo a un grupo de la hinchada de Tigre. No hubo detenidos, los vecinos barrieron los pedazos de ladrillos y la demencia quedó puertas afueras del viaducto.

Era el último partido del sábado, por lo que no teníamos que hacer vestuario. Arsenal lo ganó temprano y, aunque le sobraron más de 20 minutos al encuentro, vimos hasta el minuto 50; sí, agregaron 5 más. El espacio en el diario estaba lleno cuando dieron el final, por lo que nos acercamos a la puerta.

En el momento en que un oficial de la bonaerene nos informo que no podíamos salir por allí, dije las palabras mágicas que siempre me permitieron pasar: "Somos periodistas", y acto seguido, exhibía mi acreditación. "Andá por ahí, al portoncito rojo", me dijo como alguien que sabe solo dos respuestas para todas las preguntas.

Fuimos hasta donde me indicó, pero allí alguien de seguridad del club me dijo que saliera por la otra puerta, que por ahí salía la prensa. ¿Cuál es el problema? Había que rodear el predio completo de Arsenal para llegar al auto, que estaba donde no me (ahora es personal) habían dejado salir al principio. Era casi la medianoche.

No se si recuerdan que mencioné que la violencia había quedado puertas afuera del estadio. Bueno, para mí que todavía seguía ahí. Creo que vivía en la zona y, como los vampiros, salía de noche a cazar a dos periodistas desprevenidos que bordeaban un club con cara de susto. Se darán cuenta que no hice nada de eso.

Volví al portón que me separaba del auto por algunos metros. Intenté razonar con el de seguridad. "Prensa sale por la otra puerta, la policía no deja salir a nadie", repetía como un mantra. El de la bonaerense achacaba al club.

Quise fumarme un parisienne y tirarle el humo en la cara esa media hora que estuvimos encerrados en la cancha de Arsenal. En ninguna cancha del país me pasó algo similar. Me hubiese fumado el atado entero solo para molestarlos, llenandole de humo negro las caras. Pelearme con la policía y los de seguridad es perjudicial para la salud, y mi instinto así me lo hizo saber.

"Siempre es lo mismo, che", masculló el de seguridad. Si en todos los partidos es igual, ¿no será hora de que cambien? Es como que un adicto al paco diga "Uh, cada vez que fumo ésto quedo del orto y reviento un almacén. Qué boludos los almacenes".

A esta altura ya no quería fumar. Deseaba apagarle el cigarrillo en la frente al infradotado que dejaba pasar a cualquier conocido, pero a quienes estábamos trabajando no. Lo bueno es que había perdido las ganas de prenderme uno.

viernes, 13 de febrero de 2009

Resultados de la encuesta

Me sorprendieron. Se ve que me tienen fe. 66% de los que votaron, consideraron posible mi alejamiento del cigarrillo. Mientras que en el extremo opuesto, solo dos apostaron a mi cáncer de pulmón.

Trataré de no defraudarlos. Aunque una frase similar desprestigió esa fórmula.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Cada vez más difícil

Cuando empecé a escribir este blog, tenía muchas ideas. Eran las que surgían de mi cruzada contra el cigarrillo. Ahora son menos, me cuesta traducir en palabras lo que me está pasando.

Dejé de contar los días y, salvo un pequeño habano en un cumpleaños, no tuve más ganas de fumar. Cambié mis hábitos y lo que perdí en toxinas, lo gané en peso e intolerancia. Sin embargo,ya no sufro experiencias traumáticas que me hagan desesperar por un Parisienne.

Cada vez es más difícil escribir sobre algo que voy olvidando.

domingo, 8 de febrero de 2009

Domingo a la noche

Nivel de irritabilidad: 60% (normal)
Presión de mandibulas: Mandibuleando (preocupante; como Zack the la Rocha en pleno concierto)
Capacidad pulmonar: acensor (me olvidé que había escaleras)
Nivel de alucinaciones: 50 % (es el sueño)
Atrofia mental: 1023 hectopacales (mucha presión para saber si un habano cuenta como cigarrillo)

Abran cancha

Por lo general, no pienso demasiado acerca de los lugares que frecuento. Sin embargo eran demasiados aquellos donde fumaba en determinada ocasión. El entretiempo de un partido, siempre era coronado por algún cigarrillo.

Estaba ahí tratando de ver qué hacía mientras los equipos salian a la cancha. Estaba expectante, añorando que se abriera el marcador o que descendiera el nivel de juego, para poder dormirme. Pero no, todavía estaban en los vestuarios. ¡Tardaron 20 minutos! 

Ya cerca del final todo empeoró. No el cotejo, sino que empecé a notar que era mucha la cantidad de fumadores rodeándome. No les iba a pedir que lo apaguen o que se trasladasen a un sitio apartado de mí. Así que soporté un poco el hecho de que hubiese gente que no sabe leer la mente o darse cuenta por metonimia que dejé de fumar hace poco, y eso me hace tanto mal como un avión (o dos) a las Torres Gemelas.

El partido siguió y terminó.No iban a suspenderlo por mí. Así que salí de allí, fui a la oficina y, ahí, otro lugar común. Del acensor al subte siempre hay un cigarrillo dividiendo lo laboral de lo real. Además, era demasiado tarde y no había subterraneo, solo quedaba el colectivo; esperar.

No fue un buen domingo. Estoy por ir a dormir y solo se me cruza algo por la mente: ¿Si fumo un habano, cuenta? Nivel de presión mandibular en aumento.

sábado, 7 de febrero de 2009

Un desafío grande

Quien abandona sabe que va a tener que afrontar una prueba difícil, conforme se acerque el fin de semana: la primera salida. Copa en mano, la voluntad muestra sus flaquezas. Uno se pregunta si sábado y domingo cuentan, efectivamente, como parte de la semana y cuestiona su categoría como días. Todo para ver si se puede tomar una pequeña licencia.

Por suerte, desde hace tiempo, los bares son -o deberían ser- libres de humo. Así que eso ayuda un poco a mantener la desición original. Y si uno está entretenido, entre trago y trago, puede postergar salir a la puerta a fumar. Sin embargo, tarde o temprano vamos a tener que cruzar el umbral. Ahí es dónde pude superar la prueba ayer.

Para recapitular: estaba en un bar donde no se puede fumar, tomando algo. Y no iba a salir de ahí hasta que me fuera. Pero cuando atravecé la puerta y me abrí paso entre dos personas que ocupaban la misma categoría que dejé atrás (fumador de vereda de pub del bajo), un instinto arremetió desde lo más profundo de mi reflejo condicionado.

El estímulo, la puerta; el reflejo, buscar el atado de Parisiennes en cuanto sentí la luz del exterior. Son lugares, acciones, costumbres y, me animaría a decir que, hasta ritos. Pero si pude con eso, voy encaminado. El problema es que el nivel de ansiedad a creciendo. Se viene el temporal. 
 

viernes, 6 de febrero de 2009

Mayoría absoluta

Según el Ministerio de Salud, "la mayoría de los fumadores quiere dejar de fumar. Las estadísticas han demostrado que son el 70 % las personas que desean abandonar la adicción a la nicotina.". Hasta hace poco formaba parte de ese 30 %, que no quería. Y eso es entendible, porque empecé por gusto y no por cualquier otra cosa.

A los 18 años, sentí el olor del Parisienne. Me agradó y por eso comencé. No lo había considerado como un vicio o una necesidad. Lo pensaba tal como comer un chocolate. El problema, claro está, es que con una golosina no me voy a morir. Por eso, de a poco, pasé a formar parte de la mayoría que, como lo indica la encuesta gubernamental, quiere dejar.

Sin embargo, el organismo liderado por Graciela Ocaña también aclaró que casi todos los fumadores pasan por varios intentos antes de conseguir abandonar definitivamente el cigarrillo. Eso no me alentó demasiado, aunque debo reconocer que no es la primera vez que trato. Negar la realidad, no va a hacer que deje de fumar.

Por otro lado, sí hubo una frase que me ilusionó. "Cuantas más veces se haya intentado, más cerca se está de lograrlo". Si quieren leer más, pueden entrar a www.msal.gov.ar

Primera mejoría

La nicotina, el alquitrán y el tabaco combinado en pequeñas dosis van limitando la capacidad de conciliar el sueño. Too lo que exite nuestros sistema nervioso, va en contra de dormir bien. Hace tiempo que no podía hacerlo con facilidad y el resultado de la primer noche, fue más que satisfactorio.

Me acosté temprano y Morfeo me llevo con rapidéz. Hacía mucho que no dormía tan bien. Me desperté sin tos ni dolor de piernas. El cigarrillo dificulta también la circulación y, como las piernas están algo lejos del corazón, son las primeras en sufrir.

Solo espero que no haya sido una coincidencia. 


La espera

La parada del colectivo es un lugar común del fumador. Además, exite el mito de que va a venir el que esperamos cuando prendamos uno. Caso contrario, deberemos esperar más de media hora. Con ésto estoy diciendo que, antes, hacía como un servicio a la comunidad, adelantando la llegada de la línea esperada.

Ayer, mientras esperaba el 92 en Flores, después de una reunión de dos horas, mis mandíbulas presionaban como las de un cocainómano. Algo tenía que hacer mientras estaba parado ahí. Algo por todas las personas que aguardabamos. En mi poder estaba la posibilidad ahorrar el tedio de varios. 

Sin embargo, antes de abdicar, decidí caminar las 32 cuadras que me separaban de mi casa, para calmar la ansiedad. Funcionó, pero estoy empezando a notar una tensión en mí que antes no tenía. No estoy irritable, tampoco nervioso. Pero me llama la atención la rectitud de algunos de mis movimientos. De Flores a Parque Centenario, tuve demasiado tiempo para pensar en eso.

Por suerte, soy más asiduo usuario del subte que del colectivo. 


jueves, 5 de febrero de 2009

Niveles

Por consejo de una amiga, voy a incluir indicadores en mi cruzada contra el cigarrillo. Como recién empiezo se parecen al reporte meteorológico de una tarde linda de verano. Espero que no se anuncie una tormenta.

Nivel de irritabilidad: 20% (normal)
Presión de mandibulas: ligeros roces (estable)
Capacidad pulmonar: 3 pisos por escalera (un desastre, pero normal)
Nivel de alucinaciones: 1 % (el encendedor me mira)


Esta vez es en serio

Tengo que dejar de fumar. Voy a empezar de a poquito, a bajar la cantidad hasta que llegue a cero y pueda mantenerlo durante mucho tiempo. Ideas como esa chocaron con la realidad bastante seguido. Un día fumaba cinco y esta contento por mi fuerza de voluntad. 

Al otro día, salía y con la copa en la mano se hace difícil sostener la situación. Bueno, uno más. Total es por el fin de semana. Ahí moría el atado y, con el humo, también se volvía difuso el recuerdo de un inocente que había dicho que iba a bajar la dosis.

Ahora lo corté de una. Así como Ray Charles dejó la heroína de golpe, voy a hacer lo mismo. Si él pudo con ago así, es más lógico que yo alcance mi objetivo. Solo espero no sentir agua en mis pies.

 

Día 1, la desición

Es la quinta vez, por lo menos, que digo lo mismo. Me desperté con aliento de utratumba y la respiración marcada por los excesos. Mientras terminaba el café, agarré automaticamente mi atado de Parisiennes común y vi que solo tenía un encendedor rojo. Las ganas fueron superadas por la fiaca, así que no iba a fumar hasta que encontrara algo más por lo que bajar seis pisos, además de tentar al cáncer.

No pasó mucho hasta que me encontré en el acensor. Pero, antes de cruzar la puerta de calle, di media vuelta y me propuse dejar de fumar para siempre. Pero como ya van varias veces que me quedo en la intención. Esta vez quiero hacer catarsis cibernética y ver si alguien más se suma a la cruzada.