miércoles, 5 de enero de 2011

Cambio de paradigma

Hace más de cuatro meses que no fumo. No había vuelto a escribir porque siempre que lo hacía, volvía a retomar el vicio. Por cábala, me alejé de este espacio. Y también porque soy un colgado. Pasó un tiempo considerable y superé todas las situaciones que hubieran podido transformarse en una justificación para volver a fumar. Las descritas en las entradas anteriores y otras que rozaban lo increíble. ¿A quién se le ocurre que despertarse un sábado a la mañana, amerita el encendido de un parissienne? Solo a mí.

Pero lo dejé. Fue de golpe, sin demasiada meditación y, sobre todo, sin medicamentos. Pero durante unas dos semanas me transformé en un psicópata con un hambre voraz. Yo era pacífico, casi un monje a punto de alcanzar el nirvana. Y de golpe empecé a respirar fuerte, a mandibulear como si me hubiera dado un saque de cocaína barata.  El tiempo aplacó mi desenfreno y también la angustia oral. Y en este último punto quiero hacer hincapié.

Dejé de fumar, volví a mi calma habitual (o casi). Pero mi panza sigue en estado vikingo. Ahora la odisea se transformó en bajar de peso. ¡Cómo van cambiando las prioridades! Y la respuesta fue macrobiótica. De esas experiencias voy a empezar a escribir. Voy a tratar de que pase como con el cigarrillo: qué al encasillar mis sensaciones en palabras, vuelva… ¡a comer bien!