Cada vez que intentamos dejar el cigarrillo, estamos más cerca de hacerlo. Esa frase es la que me incentiva para tratar de nuevo (y a hacerlo público). Eso y que ahora tengo otras motivaciones como para creer que es la definitiva. Cómo si el cáncer o los paros cardíacos no fueran suficiente. La mente sigue razonamientos que nunca vamos a comprender en su totalidad.
Me mudé con mi novia. Ella no fuma. Borren esa mueca, semejante a una sonrisa socarrona en la comisura de la boca. Ese "ah, era por eso, ahora entiendo", no tiene su correlato con la realidad.
No fumo cuando estoy con ella, me resulta incómodo. Tener el olor impregnado en la ropa, el pelo, la piel y todo mi hábitat natural no era problema hasta ahora. Antes ventilaba, tiraba Lisoform, me bañana y me lavaba los dientes unas 10 veces. Pero ahora no puedo. Nadie me lo impide (mucho menos ella) pero prefiero la tranquilidad mental de la comodidad.
Hace una semana que no toco ninguno de mis preciados Parissiennes. Pensarán que es fácil ya que vivo con mi novia y ella es el motor principal para que lo intente nuevamente. Pero no. En la oficina, cuando voy a la cancha, cuando estoy en la facultad, cuando estoy en un bar... en todos esos lugares y situaciones el universo conspira para tentarme.Hasta creo que tengo un brote alérgico producto del estrés que me genera.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
