No soporté la presión y, a un mes y medio de haber dejado de fumar, corrí al kiosco a comprar un atado de Parisiennes 10. Sí, mandé todo a la mierda. Pero necesitaba algún calmante que no me dejara medio bobo. La única salída que vi como para sobrellevar la situación era prenderme uno.
Se me cuestionará la desición. Pero a veces el recuerdo de lo que fue se hace vívido y te clava un puñal directo en la memoria. Así que, siguiendo esa línea de pensamiento, permití que, una vez más, ese humo gris invadiera mi cuerpo.
Hace días que venía barajando la idea de una licencia: sólo hasta que me mude. Hoy me dí cuenta que me traicionó mi memoria emotiva, cuando me decía que era el placebo que necesitaba. Es horrible.
